martes, 28 de febrero de 2017

Ballenas de cristal destrozan el cielo,
devoran la luna fría de febrero,
surcan las radiales con sueños de alquitrán.
Nubes grises de tiempo perdido avanzan
con la amenaza de lluvia fina, negra.
La noche tropieza con el horizonte
perdida en un abismo de soledades,
parto segundos en débiles fragmentos
que se transforman en cien mil prismas de luz,
aspiro cada brizna de falso fuego
con la ingenuidad agarrada al est´´omago,
con la piel yerma, translúcida, fantasmal.
Ya no quedan lágrimas en esta lluvia
ni constantes en las incertidumbres,
sólo corrientes robadas al viento.
Persigo las miradas a ras de suelo,
catalogo incontables gotas suicidas,
cogen impulso, saltan sobre los coches,
ejecutan bellas figuras en vuelo,
impregnan de aromas ferrosos las calles,
lamen las paredes de los edificios.
La soledad, desde mi rincón, sumerge
las esperanzas en el tenue aguacero,
atenazo las rodillas - no me adapto-,
me deslizo, triste, por las avenidas.

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